Sigo frenándome

Por un instante creí que ya venía un una bajada, sobre una bicicleta sin frenos, a toda velocidad. Al poner atención, me di cuenta que no había avanzado más que un par de metros. Supongo que llevo tanto tiempo aferrándome, que ya se volvió costumbre no soltarme del todo. La principal diferencia, es que ahora noto esta situación y antes pasaba desapercibida.

Salir de lo cotidiano y romper un poco la rutina, ayuda darse cuenta. Al final, creo que ese es el secreto de muchas locuras que hacemos. Darnos cuenta.

Aquello en lo que más energía invertimos, es en no dejar de ser nosotros mismos. De un día a otro, es una impresionante la inversión energética y creo nunca dejamos de interpretar nuestro papel. ¿Qué pasa si mañana no fuéramos nosotros? Soltarnos de la orilla de la alberca, soltar el barandal de la escalera, quitarle las rueditas entrenadoras a la bicicleta, soltarnos de lo que sea que estemos sujetándonos.

El miedo es peso y si algo te puedo decir, es que cada vez me siento más ligero. Estoy en el proceso de soltarme por completo y eso no hace falta decirlo, simplemente se nota. ¿Qué es lo que tú no puedes soltar?