La sobrepoblada soledad

Poco a poco en esta multitud nos quedaremos solos. Poco a poco nos desconectamos del mundo.
Llegas a cafés en los que la mayoría está sentado solo y con los audífonos puestos, como para no interrumpirlos.
En lugar de fortalecer nuestros lazos, poco a poco los vamos debilitando hasta desaparecerlos.

En este lugar llamado soledad, al que muchos se van mudando, comienzan a nacer ermitaños.
Solíamos ser tú y yo en mi soledad y ahora hay muchas personas en este lugar.
Entre la falta de compromiso y las inexistentes ambiciones, se encuentran las principales excusas para llegar a este lugar.

Aquí no importa que tan viejo seas o cuanto creas conocer este lugar, el detalle de la soledad, es que todos los días cambia, entonces es como iniciar un nuevo juego.

Ahora me marcho de la soledad y no sé cómo llamarle a este lugar al que me dirijo.
Comienzo a conocer personas de nuevo y a interactuar con ellas.
En el fondo extraño la soledad en la que podía pasar meses en silencio.
Anoche no morí…