El peso de la opinión

Cuando trabajaba hace tiempo en empresas, solíamos hacer una evaluación llamada 360 (referente a un circulo) o también aplicábamos la silla vacía. La primera, buscaba indagar cómo te evalúan tus contrapartes, jefes, gente a tu cargo e incluso personas que no estaban relacionadas directamente contigo. La segunda, se trataba de una herramienta para dar retro a alguna persona, a través de una serie de preguntas o comentarios, que quien estaba siendo evaluado no sabia quien era el autor de las mismas.
Estas herramientas correctamente dirigidas, ayudaban asombrosamente a un equipo a madurar y a un jefe a seguir avanzando.

Con el boom de las aplicaciones web y móviles, surgió una nueva web que me encantaba, llamada Sarahah, que permitía hacer estas retros de manera digital, pero como siempre el problema no está en el martillo (la herramienta), sino en cómo queremos utilizarla.

Los últimos días, más y más personas entraron en esta moda de abrir su cuenta, para recibir retro de sus amigos, conocidos o quien tuviera acceso a la liga. La historia no es tan triste, porque podrías recibir buena retro y hacer algo para evolucionar o reconocer alguna área de oportunidad de la que aún no eras consciente.
La situación delicada, es que aprovechando el anonimato, mucha gente la ha utilizado para atacar, para decir cosas que no se atreven a decir en persona o de manera directa. Todos son igualmente responsables, el que deja estos comentarios y quien dio permiso de que se los dejaran.

Esta mañana, tuve un momento de esos en los que algo de duele y no es el cuerpo, sino la humanidad. Mientras sigamos más preocupados por saber qué piensa la gente de nosotros y no que necesita de nosotros o en que la podemos ayudar, el ciclo que alimenta al ego no se interrumpirá. Cosa preocupante, pero de esperar en esta sociedad que cada vez más plástica.

El peso de una opinión pues cambiar el rumbo y la historia de una persona, una cosas es estar en un ambiente controlado donde se recibe una crítica, porque alguien revisa tu portafolio, un texto, estas en un taller o trabajando con un mentor, curador o lo que sea. Otra muy distinta es dar estas armas al mundo para atacarnos a nosotros mismo y luego pretender hacernos los fuertes y que las palabras que recibimos no nos afectan o alteran nuestra percepción propia o de la manera que tenemos de relacionarnos con el mundo.

Así que hay un escrito que amo acerca de la crítica que les comparto a continuación y es muy útil, se llama el triple filtro de Sócrates y espero nos ayude a ser más conscientes de que somos dueños de nuestras palabras y de todas sus consecuencias.


Triple Filtro

En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su conocimiento. Un día, un conocido
se encontró con el gran filósofo y dijo:
– “¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?”
– “Espera un minuto -replicó Sócrates-, antes de decirme cualquier cosa,
quisiera que pasaras un pequeño examen.
Es llamado el examen del “Triple filtro.”
– “¿Triple filtro?”
– “Correcto”. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea tomar un momento y filtrar lo que vas a decir.
Es por eso que lo llamo el exámen del triple filtro.
El primer filtro es el de la verdad:
“¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?”.
– “No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y……..”
– “Bien, entonces realmente no sabes si es cierto o no”.
Ahora permíteme aplicar el segundo, el filtro de la bondad:
“¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?”
– “No, por el contrario………”
Cada hombre posee dentro de sí una parte de la verdad, pero a menudo sólo puede descubrirla con ayuda de los otros.
– “Entonces -continuó Sócrates-, tú deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Tú puedes aún pasar el examen, porque queda un filtro”:
El filtro de la utilidad:
“¿Será útil para mi lo que vas a decirme de mi amigo?”
– “No, realmente no”.
– “Bien -concluyó Sócrates-, ¿si lo que deseas decirme no es cierto ni bueno e incluso no es útil, por qué decírmelo?”


Anoche no morí…