Extraña sensación esa de escribir a alguien que tienes ganas de ver y que se niegue.
Fue un rechazo, en realidad varios, pues no es la primera vez que lo intento.
Puse pausa a un capítulo que había vivido, me supuse que al retomarlo no todo estaría perdido.
Por lo menos esta vez, más palabras se cruzaron, aunque fueran por whatsapp.
Dentro de todas las que escribimos, una hizo mucho ruido, fui llamado verdugo.
Pero para que uno se vuelva verdugo, alguien más debe aceptarse víctima.
Cosa que denotaba esa preferencia por sufrir.
Pero en realidad yo no me sentía como verdugo.
Podría haberme quedado enganchado con esa palabra.
Defenderme o incluso molestarme.
Ocurren muchas cosas en estas situaciones.
Primero, si te defiendes de algo que no es o eres, de alguna manera estas reconociéndolo como inconfortable.
Dos, hay tantas realidades como personas y las realidades ajenas, no las edito yo.
Así sucede, como yo puedo ver en alguien a un amigo.
Otra persona, podría ver en el mismo sujeto un ex-esposo o algo así.
Debo aceptar que algo en todo esto me dolió.
Sé que era cuestión de mi perspectiva,
Aunque más que nada de expectativa.
ELLA fue alguien a la que dí “desinteresadamente”, aunque no sé hasta qué grado logre hacerlo, las cosas que sabía, que le serían de utilidad para el camino que emprendía.
Supongo que nos cruzamos con muchas personas por la vida y quizá no todas tienen un propósito, pero siempre queremos darle sentido a todo, a los seres humanos nos urgen las respuestas.
En este capítulo de mi vida, parece que habrá menos drama, pues me encargue de alejarme de sus principales orígenes.
Veremos que pasa después, que surge, si todo se vuelve olvido o reencuentros.
Anoche no morí y este ejercicio cada día me enseña más y más…
