¿Cómo estas?

Le conteste: – Un poco cansado, pero relajado.
Ella me dijo: – Hoy bien, mañana no sé.
Le dije: – He dejado de creerle a la gente que dice solo “bien”.
Creo que muchos contestan lo que estamos acostumbrados a escuchar.
Además de que te salva de muchas otras preguntas.
¿Por qué son tan poc@s l@s que se atreven a decir, de la chingada?
Me respondí, supongo que es cuestión de seguir indagando, pero definitivamente, no creo que estemos tan bien como habitualmente respondemos.

Ella replicó: – Bueno a veces lloro, incluso me siento triste, pero hoy no.
Entiendo a lo que te refieres, pero es este punto, en el que nos hemos acostumbrado a no escuchar.
Así que es mejor decir “bien”, en lugar de dar cientos de explicaciones.

Respire profundamente, y le dije: – Te propongo algo.
De ahora en adelante, no nos mintamos.
Si un día te sientes cule.., solo dilo, si un día me siento así, solo lo diré.
Démonos permiso de tener este lugar, donde las reglas del mundo no apliquen.

Sonreí.

Ella sonrió y respondió: – Entonces me siento muy contenta de verte.


Este oficio de escritor, permite vivir realidades crudas o editadas.
El poder de las palabras y como las ordenamos para describir algo que pasó o no pasó.
Depende de quien lo lea creerlo o no.
Pero esa duda siempre invade a quien lee.
A mí me ha invadido.
Que sucedió y que no.
¿En que se inspiró para escribir esto?
¿Estaba solo?
Así dejo este texto hoy, con este ejercicio creativo que he abrazado diariamente.
En unos meses, revisare el principio, para saber si de algo ha servido.
Anoche no morí…