Nada es nuestro.

Creo que tendré que escribir este texto para mí. Bueno en realidad creo que la mayoría de lo que escribo es algo así como un diálogo interno que comparto. Pero francamente espero que alguien se reconozca en alguna de estas líneas y le sirva de algo. Si no sucediera así, digamos entonces que fui un envidioso y solo lo escribí para mí.

Desde que nacemos nos enseñan a pensar, a actuar, a decidir, a reconocer la diferencia entre el bien y el mal. Más grandes creemos recuperar el control, pero somos presa de enseñanzas familiares o de jodido víctimas de la publicidad y la mercadotecnia.

¿Qué es nuestro?

Piensa en una sola cosa que no haya sido implantada en ti, por inofensiva que sea. Una sola cosa. ¿Encontraste algo? Bueno si fue así, síguela analizando, porque si salió porque te gusta o la sientes en ti. Déjame decirte que eso también fue inculcado. Nuestros gustos musicales, decisiones, profesiones, oficios, todoooooooooo.

¿Qué miedo no? Ahora que te crees más libre que nada parece que no lo eres. Pero déjame no lo confundirlo con “libertad”, esto no tiene nada que ver. Es la construcción de nosotros mismos. Nacer no es un acto, es un proceso y termina con la muerte.

El objetivo no es ahora tratar de hacer lo contrario, solo por demostrar un punto. Gritando que recuperamos en control solo por llevar la contra. Es reconocerlo y volverlo un ejercicio consciente. Empezar determinar que viene realmente de una necesidad de nosotros y que fue introyectado por alguien más y que quizá lo confundimos como propio, es la tarea principal.

Pero esto es parte de la naturaleza humana, el precio de ser parte de un grupo o de la sociedad. Ahora que si quieres volverte un ermitaño, también hay cosas que aprendimos gracias a nuestra carga genética.

Ahora que sabes todo esto, ¿Qué harás?

Anoche no morí…