Soy culero.

Bella y sincera confesión que no me molesta hacer. Parece que huimos de que la gente piense algo malo de nosotros y ello nos lleva a tener que fingir ocasionalmente para ser aceptados.
Hoy charlaba con una amiga acerca de cómo la gente solo declara ser un lado de la ecuación y no ambos. Por ejemplo, soy bueno, ayudo a otros, nunca me enojo, soy buena onda. ¿Dónde queda el soy malo, a veces culero, me encabrono cuando llego a mi límite y escojo con quien ser buena onda?

Somos todos, somos ambas partes, reconocerlas nos ayuda a saber cuándo encenderlas y cuando apagarlas, pero no somos una u otra. Somos lo que hay, lo que ha estado ahí, reconocerlo, nos permite, decidir que encender y qué no encender. Pero somos todo.

Justo ahora que escribo esto, estoy tratando de buscar en mis recuerdo de dónde viene esta necesidad de ser bien vistos. ¿Buscamos ser aceptados? Supongo que de ahí surge todo. Quizá surgió en la escuela, cuando quieres ser parte del equipo.
Necesitamos desarrollar un sentido de pertenecía, para evolucionar como seres humanos. Para crecer. Pero aunque hay muchas maneras de hacer esto, creo que muchos escogen una de las más costosas, que incluye traicionarse.

Así que si lo digo y lo repito, soy culero, pero también soy buena onda, soy el bien y el mal, soy muchas cosas mas y todas conviven en mi.

Anoche no morí…