La sal de la tierra es una película que he visto en muchas ocasiones, admiro la historia de su autor, pues como fotógrafo cuando comienzas a estudiar es uno de los referentes contemporáneos obligados. La primera vez que vi esta película me inspiró a hacer un viaje por Oaxaca en el que pase más de un mes, recorriendo comunidades y pueblos, preocupándome por la historia y la gente que habita este lugar, volverla a verla me hizo recordar esa decisión y todo lo que acompañó esa experiencia como felicidad, empatía, sorpresa y entrega. En ese lugar fue la primera vez que alguien me llamo artista.
Me calma mucho escuchar una voz tan suave de Sebastião durante toda la película, aunque no le entiendo mucho, el francés parece una lengua que acaricia, así que me siento como apapachado mientras lo escucho. Ahora que lo escribo acabo de recordar de varios amigos de mis padres, que son franceses, Claudine, Jacques, quizá este apapacho tenga que ver algo con algún recuerdo de mi infancia.
El poder de una fotografía, como el de las bellas artes, es hacer sentir y expresar algo, aunque siempre se prestará a la interpretación de cada persona que se detenga un instante a admirarla. En una foto se captura igual al rico o al pobre, la felicidad o la tristeza, un amanecer o un atardecer, todo está englobado y resumido en el instante que hace un clic.
Lo que me apasiona de todo esto es que una cámara puede tomar fotos en milisegundos, digamos que pudiéramos tomar 4 fotos en un segundo, siendo muy conservadores, esto serian 240 en un minuto y 14,400 en una hora, para mi cada una de esas posibles fotos son todas y cada una de ellas, decisiones. Escoger entre un momento u otro momento, me ayuda a practicar el arte de vivir.
Me motiva mucho esta película, me inspira, la vocación no llega a uno mientras está sentado y cómodo sin hacer nada, quizá llegue luego de explorar y experimentar todas las cosas que uno no disfrute hacer. Pero cuando llegue ese momento, hay que tener coraje, porque una cosa es estar de pie frente a la puerta y otra cosa es reunir el valor necesario para cruzarla y entregarse a la locura.
Creo que todos en algún momento de la vida, tomamos una decisión que lo cambia todo, yo mientras escribo esto, puedo recordar por lo menos 3 de ellas y sé que muchas más vendrán. Me siento confortado cuando sé que hay otros locos que no tienen miedo de tomar estas decisiones y que han superado este complejo de Jonás.
Lo que no me gusta, es esta sensación de abandono que me invade cada que escucho algo de la historia de Juliano y como tuvo un padre ausente, que procuro más a su profesión que a su familia.
Por otro lado, ver un fotógrafo que se relaciona con sus sujetos me inspira, de hecho, es lo que más me maravilla de la película, pues cuando le preguntas a un fotógrafo la historia de una foto, de este tipo de fotografía documental en específico, por lo general te dicen lo vi ahí y lo retraté, pero no sé quién es.
Nuestra raza acabará por nosotros mismos a menos que más personas como él se sigan sumando a equilibrar la ecuación de destrucción y odio que ahora predomina en el mundo. Este tipo de mensajes me suele revitalizar y recordarme mi promesa, de dejar más en este lugar de lo que tomó.
