Hoy me senté a escribir antes de que terminara el día, comencé a evocar todo lo que había sucedido durante esta temporada, todas cosas que tuve que decidir durante el invierno.
El invierno no comenzó en un día frío, esta vez pasó desapercibido. Cuando pienso todo lo que sucedió durante estos días me sorprendo, puedo decir que me enamore y desenamore en la misma temporada. No sobreviví estos meses como lo hacía regularmente, hay cierta evolución en mí que comienza a cerrar los ciclos de manera muy distinta. Empezaron nuevas locuras y de esas locuras que parece que me acompañarán un buen rato. También dejé atrás muchas cosas, creo que demasiadas aunque todavía no me deshago de un par que me estorban.
Sentí cierto apego al frío, a volverme un poco más así, a permitirme que cada vez me importen menos las cosas, a suceder y listo. Le doy gracias al invierno, porque aunque tenemos miedo de caernos, ya en el piso no queda más que levantarse. Aprendí de esa manera ruda con la que en ocasiones el universo te obliga a entender la lección luego de que no lo hiciste por las buenas.
Quizá cuando regrese de nuevo este frío ya no nos reconozcamos, quisiera ser tan radical y esperar que sucediera mañana, pero sé que es un proceso y como tal debe llevar un ritmo.
Hola primavera, es tiempo de florecer, hay cosas escondidas que llevan muchas temporadas pausadas y es tiempo de que vean la luz. Este año me propuse una misión distinta y creo que comenzó con el invierno, hoy no me despido del propósito solo de la temporada. Es tiempo de acabar de soltarlo todo, para volver a crecer, así un árbol no tiene miedo de quedarse sin hojas porque pronto volverán a brotar.
