Hoy cumpliría años mi mejor amigo, dos meses después de su cumpleaños falleció. Tiene algunos años de esto, más de 10, la sorpresa nos impactó a todos. Recuerdo que fue un Lunes por la noche cuando recibí una llamada de su padre, para decirme que Mario había tenido un accidente. Vivía aun en casa de mis papas y fue mi papá el que ofreció a llevarme al hospital. Podría entrar en detalles de lo que se supone que sucedió, porque no supimos mucho del accidente, de las cosas que siguieron a esa llamada, o de todo lo que sucedió esa semana, pero no es eso lo que les quiero compartir.
Mario y yo vivíamos en la misma colonia, caminando podíamos llegar a casa del otro, compartimos la Prepa y parte de la Universidad; muchas historias, viajes, y otras cosas sazonaron nuestra amistad y nos marcaron mutuamente, pero hoy quiero compartir algo que me volvió quien soy.
Nuestra manera de pensar o enfrentar las cosas era muy distinta, yo era muy metódico y precavido, él era más arriesgado. Yo pensaba en todos los posibles escenarios para estar preparado, él solo en uno y esperaba que ese sucediera y sino pues algo se le ocurriría. Era extremadamente metódico, el factor “riesgo” en mi vida era casi nulo. Para cuando nos daba hueva hacer algo, solo bastaba que uno le dijera al otro ¿y si nos morimos mañana? Esa frase era suficiente para ponernos en pie y hacer lo que tuviéramos que hacer.
Al principio, con su ausencia, me faltaba algo en mi manera de pensar, él era mi pensamiento alternativo. Durante un buen tiempo después de que partió, tuve que preguntarme más de una vez, ¿Qué haría él en esta situación? Así viví una etapa importante de mi vida.
Un día me percate que había sumado nuestras maneras de pensar, que ya no hacía falta preguntarme ¿Qué haría él? O ¿Qué haría yo? Por qué tomaba las decisiones que parecería que llegaban al consenso como si el todavía estuviera aquí.
Él me enseño una gran lección incluso después de marcharse. Necesitamos pensar de maneras que no lo hacemos para llegar a las decisiones o conclusiones que no nos atrevemos a tomar. Si tienes alguien a quien admiras o respetas o que tiene eso que le falta a tu cabeza, basta comenzar a preguntarte ¿Qué haría él en esta situación? Parece que te da permiso para hacer algo que nunca harías y con el paso de tiempo notaras que volviste tuya, lo que de esa forma de pensar te sirviera.
Sea cual sea el proceso de transición que sigan los humanos después de la muerte, en lo que creas tú o en lo que crea yo, y aunque tiene ya muchos años de esto, creo que uno muere cuando la última persona que nos quiso nos olvida, así que por lo menos el vivirá mientras yo este por aquí y quien sabe quizá así le llame al personaje de una novela, para que viva aún más.
Gracias cabrón, estoy seguro que te sentirías orgulloso de lo que comenzaste, pronto volveremos a coincidir.
