Hace algunos meses cometí el error de volverme a enamorar. Diré que fue un error, pero no por ello no querer hacerlo era una estupidez. Me convencí de que podía vivir sin esa parte de mi vida saneada. Hice de todo, fui, vine, regrese y me convencí a mí mismo de que no hacía falta. Hasta que un día ELLA sucedió.
Una mañana imagina que entras a la regadera, como lo haces habitualmente y de repente sale mucha más agua de lo normal. Parece que misteriosamente alguien destapo esa vieja tubería, que ya te habías acostumbrado a usar de esa manera.
Ese día, esa semana, ese mes, bueno si escribía, podía sin problema escribir el doble. Pintar, dibujar o cualquier otra expresión artística se me facilito. Poco tarde en conectarlo todo y darme cuenta que al privarme de esa emoción, había con ella casi por completo desaparecido algo importante de mi vida.
Hace ya muchos más años lo primero de lo que deje de huir fue del dolor, descubrí que es fabuloso para arrastrar la pluma. Luego la sensualidad, la cachondez, son excelentes para usar pinceles. El coraje para moldear, esculpir o cualquier cosa que puedas cortar o golpear. Había dejado de huir de todas las emociones y comencé a interpretar el papel de un artista que sabe transformarlas. Use todo lo que sentía para caminar, filosofar, cocinar, escribir, charlar, lo que fuera. Pero había algo que no deje que saliera.
Confieso ahora que fue un error, que si tuviera que esconder algo de mí al mundo no lo haría de nuevo; me prive de uno de los motores más hermosos de la vida tratando de escribirlo desde zapatos ajenos.
No somos mejores personas por no permitirnos sentir, por el contrario poco a poco nos marchitamos, no estropeamos e incluso nos saboteamos.
Sentir nos ayuda a ser más conscientes, poder rastrear nuestras emociones a estas sensaciones, no puede ayudar a replicarlas. Ahora entiendo por qué escribo con un café o pinto cuando hay sol o a veces prendo una vela para escribir un poema. Incluso entiendo la diferencia entre golpear la máquina de escribir, arrastras la pluma o utilizar la computadora como lo hago en este momento. Todo evoca un estado de nosotros en el que aprendimos a hacer algo muy bien.
Seguiré explorándome y dejándome sorprender, te invito a que no te frenes, que reconozcas tus emociones, que no te prives de sentirlas, que veas que puedes hacer con ellas, te sorprenderás. Ahora puedo decirte que son mi materia prima y puedo producirlas aunque no siempre a total voluntad, pero las que llegan las uso.
Por último, espero que si has cometido un crimen como el mío, una mañana despiertes y te sorprendas como yo lo hice con algo que no pude ni quise controlar. Anoche no morí…
