Ningún domingo es igual

Cada día es el último, así comienzo cada mañana, pienso que podría ser la última vez que me esté levantando, que sea la última vez que escriba o me prepare un desayuno. Ese pensamiento no me ha abandonado desde que lo abrace y parece haberle dado un nuevo impulso a todo. No hay un día que desperdicie y tampoco una noche en que me arrepienta de no haber hecho algo.

Hoy leí y escribí, a pesar de estar desvelado. También me tocó hacer fotos y en ellas, puse todo mi empeño. Fueron fotos que no había hecho antes, pero me sirvieron para recordar muchas cosas.
Estamos aquí de paso, somos tan buenos como podamos ser útiles para los demás y la zona de confort no es mala, si se piensa en ello como un área de dominio.

Este fin de semana no vi a mis padres, también me cancelaron una cita que tenía por la tarde. Seguir fluyendo es la clave, no hay dos días iguales, ni siquiera dos besos iguales.
Cada día trae una bella enseñanza, una lección, experiencia, algo por dejarnos, un regalo.
Sigue y sigue sin desperdiciarte.

Anoche no morí…