Cinco, siete, cinco, la estructura en sílabas de un verso, que habla de una tradición japonesa de espiritualidad y poesía. No entraré en más detalles de que es un haiku, para ello pueden leer la liga que les dejó. Les contare mejor de la primera vez, que tuve contacto con uno.
Una buena amiga me invitó a un curso de algo japonés que practicaban los samurais. Pues enamorado de la filosofía del samurái, acepte ir. Para mi sorpresa, llegué y era un curso de flores. El arte del ikebana, que es igual de antiguo que el haiku. Resulta que los samuráis al partir de casa, dejaban este regalo floral, despidiéndose por si no volvían. Al comenzar el curso, me explicaron que la idea era soltar las flores, no ponerlas sino dejarlas caer, para inspirarnos, nos dieron un haiku, y recuerdo que el mío hablaba de un copo de nieve y el botón de una flor. Ahí empezó mi locura, por este género poético, que tenía tan abandonado en mi vida.
Con el paso de la historia, muchas cosas se han ido quedando en el pasado y quizá ya muchas de sus reglas originarias se han ido rompiendo. Así que solo siguiendo la estructura y la filosofía del momento, comencé una nueva libreta que se llama “Haiku me”, veremos hasta donde llega este nuevo proyecto. Les comparto uno de los que más me gusta que escribí.
Hoy despertamos
Anoche no morimos
Aprovechemos
