El día de hoy podría escribir todo esto por actos, pero quiero hacerlo menos complicado. Así que tratare de ser más conciso.
Acompañe a mis papas a Puebla, bueno fui su chofer, cosa que me encantó, porque tuve mucho tiempo de interactuar con ellos, platicamos de vida, negocios, incluso un poco de religión.
El motivo del viaje, es que ellos son católicos muy creyentes y en Puebla están las dos iglesias de los santitos con los que se encomiendan. Así que ya debían una vuelta para visitarlos y la habíamos postergado para tratar de ir todos juntos, pero fue imposible y falto mi hermana.
La primera parada fue el Señor de los Milagros, saliendo de ahí, mi madre compró unas cuantas docenas de velas y pidió a mi padre llevarlas a “pasear” enfrente del santito. Este acto es para bendecir dichas velas, que se encenderán mensualmente.
En ese momento llego a mi cabeza una frase que me pareció un parteaguas de todas mis creencias en la religión, dije: “creo en su fe, pero no creo en lo que creen”, aunque fui bautizado y tuve mi primera comunión y todo ese procedimiento, no me considero católico, me volví católico por defecto como tanta gente en este país, pero nadie me preguntó. Ya después con quizá un poco más de consciencia, seguí mi propio camino.
En la vida he tenido la fortuna de tener amigos católicos, cristianos, ortodoxos, judíos, budistas, hinduistas, incluso jedis; me quedó claro que aunque todos creemos en cosas distintas, tenemos algo en común, el poder de nuestra fe y eso es lo que nos vuelve tan parecidos a todos.
Realmente no importa en lo que creamos, sino la manera y devoción con lo que lo hacemos.
Hace algunos años vi una conferencia de líderes religiosos y les preguntaron que porque era mejor su religión, para no entintar la respuesta de algún color, sólo diré que uno de ellos, respondió que esperaba que cada religión fuera como el camino para subir una montaña y que cada uno tenía el propio, pero que esperaba que al llegar a la cima de la montaña que cada uno decida, todos podamos voltear a ver el mismo valle. Ese momento me encanto, no hay una mejor que otra, simplemente son caminos distintos, algunos nos exigen más y otros menos, pero recorrerás el que tú decidas.
