Tengo un proyecto en el que he tenido que investigar un poco acerca de la muerte.
Hoy la bella mujer que viene ocasionalmente a casa a ayudarme con mis labores de limpieza, me platico que su hermana falleció la semana pasada. Lloró, lloré con ella, aunque no sea alguien que conozca toda la vida, se ha vuelto una persona muy especial para mí. Ha visto pasar mis amores fugaces y esos otros, con los que dice ella que me iba a quedar. Dice, que soy el último que le falta de casar, que todas las demás personas con las que trabaja, ya se han ido casando y soy aún el que se escapa. Te cuento esto para ponerte un poco más en el contexto de que mi relación con ella es más allá de lo que podríamos clasificar como normal. Aunque raramente creo que tenga relaciones “normales”.
Me fue platicando en semanas anteriores como había decaído más y más su hermana, hasta que esa noche pues llegó a lo inevitable.
Los amigos que llegaron a despedirse de ella, dijeron que ella no quería ver a nadie llorando, así que tuvieron la música hasta avanzada horas de la madrugada, bueno ya mañana, por lo que me conto. Lo más importante, es que me dijo, que su hermana le pidió que no le hicieran novenario, pero aun así, la familia decidió hacerlo. Ese fue el momento que me enganchó de la conversación. Que importante se vuelve el testamento, la última voluntad. El peso que le da a estas cosas dejarlo escrito y no solo dicho, cambia todo.
Le pregunté, si había platicado alguna vez de esto con su marido (Yo y mis preguntas). La intención fue buena y el resultado también. Le pregunté de nuevo: – ¿Qué le gustaría que leyeran cuando cuelgue los tenis? ¿Qué canción no poner? JAJAJA
Reímos, pero en mi quedo esta necesidad, de reescribir de nuevo mi testamento, de volver esto un proyecto que ayude a muchos más a dejar este último suspiro de calma, que ayude a otros a estar en paz. Porque aunque sufre quien se marcha, son los que se quedan, los que no siempre encuentran consuelo.
Anoche no morí, pero cada segundo ciento cincuenta personas en el mundo lo hacen.
¿Cuántas personas colgaron los tenis en lo que leíste este texto?
Somos fugaces, cuando lo aceptemos disfrutaremos este brillo que emana de nosotros.
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