Era de madrugada, cuando me mandaron una canción para escuchar. No recuerdo el autor, ni la canción, pero si lo que me hizo sentir. Hablaba de lo que usamos para protegernos del mundo.
Los creadores, usamos de barrera nuestras creaciones, un fotógrafo, sus fotos; un escritor, sus versos, sus poemas; un arquitecto sus construcciones.
Esta delgada muralla que nos separa del mundo, nos protege de ser devorados. Nunca había llegado a esta reflexión pero ahora fue más fácil. Puse nombres a los escenarios y pensé en amigas y colegas artistas, trate de determinar con que se protegían.
¿De qué queremos salvarnos? ¿Qué pasa si nos dejamos ser devorados?
Huimos de las cosas que nos hacen sufrir, casi nadie disfruta de sufrir a excepción de algunos casos, como por ejemplo, los masoquistas. Pero y qué pasa cuando entiendes el poder que tienes de transformar lo que sientes en algo completamente distinto. Debo aceptar que el desamor y el sufrimiento, han sido buena materia prima para mis versos.
Atrás de mis versos podre esconderme hasta que termines de leerlos.
Entre comas y puntos suspensivos dejaré cosas sin escribir.
Cambiaré nombres y lugares para que nadie sepa quien es quien.
Y tú, ¿detrás de que te piensas ocultar?
Que delgada barrera nos separa de coincidir.
De mi las letras
Y de ti, locuras.
Anoche…
No morí…
