Desperté con un mensaje en mi celular, decía: – Ahí te hablan poeta.
Era la foto de la hoja un libro que supongo que ELLA estaba leyendo.
Parecía una llamada a los artistas, bueno de esta manera lo interprete.
El poema decía entre otras cosas, duelos que vivimos al poseer los que escribimos.
Hace unos días, compartí y texto que decía, nada es nuestro y digamos que este poema fue la cereza de ese pastel.
Pero ahora en lugar de hacerlo hacia las ideas, lo hace a las cosas de las que escribo (que creo, son casi lo mismo).
No poseo nada de lo que escribo, pero a la vez, es solo mío.
Escribo acerca de cielos, de estrellas o personas, que aunque haga mías durante algunas líneas, debo soltar.
Que rudo instante, concebir que todo esto pasa mientras arrastro la pluma.
De todo lo que he escrito, al irme no será parte del equipaje.
Sonará rudo lo que estoy por escribir, pero pensé en ELLA (otra ELLA),
No porque nos poseamos, sino porque aunque la use para escribir,
Me refiera a ella como musa o inspiración, no importa todo lo que haga.
No es mía.
Así acepte con dolor esta parte, pero en esta ocasión, de una manera mucho más consciente.
En todo esto también surge cierto consuelo.
Saber que nadie podrá poseerla como lo hago yo, nadie escribirá lo que yo escribo.
Pero los que lo hagan distinto, no estan mal, solo que hay muchas maneras de hacerlo.
Todos somos distintos.
Me pregunto cuántos poetas habrán muerto creyendo que poseían las cosas que escribían.
Atesorando versos y estrofas, en los que confesaban realidades que solo ellos percibían.
Solo para que no se queden con la duda, el poema que me mandó, se llama, “El poeta”, de Hermann Hesse
Anoche no morí…
