Hace muchos años, imagínense a Toby en la primaria, un niño promedio por así llamarlo y quizá un poco más curioso normal. Recuerdo haber tenido una época, en la que cada que podía, les decía a mis maestras y a mi madre, que me gustaría ir solo tres días a la escuela y descansar cuatro, invertir los días de mi semana. Suena a un sueño loco de esos infantiles, pero ¿Lo conseguí? Obviamente no!
Tuve que seguir hiendo a la escuela de Lunes a Viernes, mis días favoritos eran de Viernes a Domingo, nunca deje de preguntarme ¿si podía invertir mi semana?
Años más tarde, cuando me dedique de lleno a la fotografía, me vi viajando los Viernes, fotografiando eventos los Sábados y descargando / respaldando memorias los domingos. ¿Se habrá acaso cumplido mi fantasía? Yo creo que sí.
Ahora vivo una vida en la que por lo general trabajo los fines de semana y descanso entre semana, por descanso, no me refiero a hechar la hueva, digamos que tengo un ritmo de trabajo más ligero, me levanto temprano a escribir para mí, a pintar para mí y otros tantos rituales que tengo.
Esta historia, me llevó a darme cuenta del poder que tienen las cosas que deseamos desde lo profundo de nuestro corazón. Yo en verdad quería invertir mi semana y lo conseguí. Ahora me pongo a pensar que otras cosas quería, porque quizá estén también por cumplirse o ya lo hayan hecho y no me he percatado aún.
No importa la edad que tengamos, ni que tan absurdo parezca lo que queremos, si tenemos la fe y ponemos toda nuestra intensión en que es posible, se cumplirá. La ventaja de seguir siendo un niño para muchos adultos, entre ellos yo por supuesto, es que sigo creyendo muchas de las locuras y me imagino que pueden ser reales.
