La pregunta hoy fue ¿Lo hago o no lo hago?
Así comencé la charla con una amiga, mientras me contaba lo que según la gente ella debía hacer, la notaba cada vez más frustrada mientras seguía platicando.
¿Debía? Quien carajo se cree el mundo para seguir diciéndonos que debemos y que no debemos hacer. Te has dado cuenta que casi toda tu vida, viviste las reglas y los procedimientos que alguien más consideraba correctos. Si no te has dado cuenta de esto aún, mejor deja de leer, no vaya a ser que me odies por decirte un hecho, que quizá no te acomode.
El mundo no nos posee, somos parte de él y seguimos ciertas reglas y protocolos para cultivar relaciones. Pero de eso, a darle el control a alguien de nuestra vida, que dicte que es adecuado o que es correcto, hay una enorme brecha.
Para empezar ¿De quién son esos criterios? Si bien nos va, son las ideas propias de cada persona y solo nos enfrentamos a una persona. Pero si son las ideas que les inculcaron sus padres y sus padres a sus padres y así sucesivamente, nos enfrentamos a generaciones y generaciones de “deberías”.
La mayoría de la gente cree que dar un consejo es la mejor manera de ayudar, cuando en realidad ayudar a una persona a que encuentre su propio consejo es mejor. Uno puede opinar que haría en cierta situación, pero no somos los que la estamos viviendo ese momento y quizá reaccionamos distinto. Debemos respetar los tiempo y procesos de cada persona. Pero si ya te brincaste todo este protocolo, diste un consejo y aún así la persona toma un camino distinto y eso también resulta molestarlos, cuando debieran de respetar. Tolerancia, empatia, compasion, son valores que cada vez se esfuman más del mundo y que con mayor razón debemos inculcar más intensamente a la nuevas generaciones.
Hemos pensado por tanto tiempo las decisiones, que racionalizarlas tanto las ha ido jodiendo.
¿Qué pasa cuando sentimos lo que debemos decidir?
¿Será mejor decidir para nosotros y no en que pensara el mundo?
No es fácil, eso sí puedo garantizartelo, pero algun dia debe comenzar y anoche no morí…
