Volví a hacer fotos.

Llevaba algunos días sin ocupar el estudio para hacer fotos, sin seguir con mis proyectos. Fue espontaneo y no planeado, me preguntaron, -Puedes, y dije -Puedo. Nunca sé qué esperar cuando comienzo, de hecho creo que no espero nada y eso lo vuelve mágico. A veces me lleva a descubrir cosas nuevas, otras a entender algo que no tenía muy claro. He comenzado a modelar los retratos como un ritual terapéutico y empoderador. Aquí han sido retratadas una infinidad de mujeres, pero no dejo de sorprenderme en ninguna ocasión. Siempre algo dejan atrás, sucede una catarsis, quizá aquí comienza o aquí termina, pero algo sucede.

Somos únicos, aunque hay muchos puntos para coincidir, hay tantos que nos diferencian. Lo que entendemos por una palabra, lo que nos parece cómodo, las cosas que nos hacen felices o incluso aquellas por las que sufrimos.

Lo que por fin ha comenzado a suceder, es que el resultado, me gusta mucho he dejado de criticarlo tan severamente y a aceptarlo por lo bello y espontaneo que pueda suceder. Cuando inicie esta locura, no entendía lo que hacía, pero poco a poco ha tomado rumbo. Lo que sucede aquí, es lo más importante, lo que le pasa a quien retrato y lo que me pasa a mí.

Pronto compartiré estas cosas, creo que este es un proyecto que me durara toda la vida, pues es del que más he aprendido hasta ahora. Se lo que busco con él y pacientemente he trabajado hasta ver sus resultados. Casualmente cuando conocí a ELLA, también tenía un proyecto similar y eso nos hizo coincidir. No sé si son musas o voluntarias, reinas, diosas o mujeres cotidianas, pero llegar a ese retrato que haga que todo se detenga por instante, hace que se explique esta locura.

Anoche no morí y hoy hice uno de los mejores retratos de mi vida… hasta ahora…