Los finales son prólogos.

Para los que me conocen, saben trato siempre de buscar un lado positivo en las cosas, incluso dice mi madre que hasta a la mierda le puedo encontrar un lado bueno. No es que las cosas sean malas o sean buenas es simplemente el lado del que las miramos lo que nos muestra lo que queramos ver.

Solía huir de los finales, me parecían algo tristes y por lo general las cosas no siempre terminan como quisiéramos. Trate por un buen tiempo de buscar algo bueno en una despedida, en un adiós o en quedarse solo de nuevo. En esta búsqueda muchas cosas coincidieron, mis vicios de volverme un mejor escritor, por desarrollarme en otras áreas artísticas. En todo este camino he descubierto la importancia de un buen prólogo para un libro. Un prólogo podría traer el final de una historia previa al libro y el autor podría contar un nuevo comienzo. Los prólogos pueden llevarte al punto de la historia donde te quieran colocar los escritores. En pocas palabras en un prólogo, pueden hacer lo que se le pegue la gana.

Así comencé a ver los finales, como prólogos. Deje de aferrarme al fin de las historias, a agradecerlos, a disfrutarlos, porque sé que algo más está por venir. Aprender a ver las cosas de una manera distinta, nos ayuda regalarle un nuevo significado a las cosas. Podría sufrir en cada despedida y por el contrario, sé que lo mejor está siempre por venir.

No hay final que no pudiera ser el prólogo de algo espectacular.