¿Cuál es tu propósito en la vida? ¿Qué haces aquí? Esta y otras tantas preguntas son las que nos suelen detenernos un momento para pensar, a reflexionar, a cuestionarnos una vida que aún no termina.
Hace muchos años solía tener este debate con un gran amigo, el propósito de la vida. Habitualmente comenzábamos esta discusión, en la que el sentía que no sabía qué hacía con su vida, lo perseguían la crisis de los 18, luego la de los 23, la de los 30 y así sucesivamente. Un día, no distinto a cualquier otro, me refiero a uno cotidiano, tomábamos unas cheves, cuando comenzó el debate de nuevo, lo frene en seco y le dije, vives una buena vida, viajas, te das tus gustos, tienes un trabajo que te agrada. ¿Qué tal si no se trata de buscar una vida con propósito, sino un día con propósito? Que te parece si comenzamos a acumular días con propósito, porque al final a tu vida o a mi vida no sé cuántos días le queden. Ese debate algo nos cambió a los dos, quizá escuche en voz alta por primera vez las palabras que nunca había pronunciado.
Una vida con propósito suena algo majestuoso, algo inalcanzable, incluso algo que podría dar miedo, pero un año suena menos ambicioso y los años están conformados de meses, de semanas, de días, ¿Qué te parece si primero resolvemos la tarea más sencilla? Un día con propósito, hoy escoge cual es el propósito, hoy. Un día a la vez y créeme que un día despertaras luego de acumular cientos de estos días y entenderás que esta vida con propósito, la estas viviendo ya.
