Mis versos son siempre un borrador.

Por un tiempo trate de entender porque lo hacía, darle una explicación a mis rituales matutinos de escritura, como si fuera a encontrar en algún libro una respuesta del porque precisamente lo hago yo, al principio no estaban todos ahí, mis hábitos fueron surgiendo poco a poco, digamos que eran necesidades que fui resolviendo con tinta, llevo tanto tiempo haciéndolo que deje de cuestionarlo y comencé a disfrutarlo, se volvieron parte de darle sentido a mi día, a no dejar que pasen en blanco las horas, en realidad escribo muy poco en la computadora, lo hago mayormente en libretas o en mi máquina de escribir, lo que pongo ahí son las memorias de lo que fui, los indicios de que estuve aquí.

Me ha enseñado tanto de mí mismo escribir, me ha revelado tantas cosas, que quiero seguir haciéndolo hasta el último día de mi vida, sé que quien escribe y quien lo lee, a pesar de que pudiera parecer que soy yo mismo, no son la misma persona, rara vez reconozco lo que deje en el papel, escribir me ha ayudado a saber que la vida es un proceso en el que vamos reescribiendo nuestros versos hasta volverlos un gran poema, esta ha sido la manera más sana de sacar todo lo que siento y pienso, de esta manera cada día me vacío, lo dejo todo ahí, así no me llevo nada a la cama y cada mañana vuelvo a comenzar.