Una vuelta al sol

Hoy se cumple un ciclo más, orgánicamente hablando de mi vida. Tiene ya tiempo que deje de solo contar años y comencé a cumplir sueños. Calcular mi edad es algo que le preocupa más a los demás, que a mí mismo. Es como buscar una justificación o excusa, por si algo me ha ocurrido. Para mí son sólo vueltas al sol y está en nosotros que tan bien las aprovechamos o no.

Llene esta vez trescientas sesenta y cinco lecciones, en una libreta marrón que ocupe todos los días. Por las mañanas o las noches, recapitulaba el día y pensaba en algo que hubiera aprendido, no importa si es algo majestuoso o un simple recordatorio. Es el propósito de aprender todos los días algo nuevo y el acto de dejarlo registrado, la evidencia.

Este ritual loco que comencé hace tres o cuatro años me ha ayudado a crear conciencia. Solía dedicar veinte días del mes, previos a mi cumpleaños, para aprender o atreverme a hacer algo nuevo. Con clases de yoga, repostería, viajes o retos lo logre en más de una vuelta al sol. ¿Por qué solo hacer esto veinte días?
La manera en que disfrutaba esos días era maravillosa, porque no extenderlo a todo el año, así empezó esta libreta. La verdad es que no he regresado nunca a leerlas, todavía no me gana la curiosidad, pero pronta está de lograrlo.

La mañana siguiente al fin de uno de estos ciclos, voy a buscar una libreta en la que verificó que quepan trescientos sesenta y cinco entradas y sencillamente vuelvo a comenzar.

En específico este día, ni siquiera planeándolo, hubiera resultado así. Llamadas, mensajes, recados, encuentros, reencuentros, despedidas, apariciones  y demás sucesos, hicieron recordarme lo importante de soltar y fluir. Dejar que las tormentas pasen, pues no se aprende a navegar solo en aguas tranquilas.

Gracias a los que llegaron, a los que se quedaron, a los que se marcharon, gracias a todos, pues solo interactuando con ustedes me hubiera conocido tanto como lo hago ahora.