Por fin llegó el día de mi cita con la fisioterapeuta. Me ha checado algunas otras veces antes y tiene muy buena mano. Hoy luego de hacer un chequemos, decidió que trabajamos con las vísceras, me explicaba que incluso ellas pueden ser la causa de algún dolor, pues si se tensan y se contraen, también el resto del cuerpo.
Fue tan interesante como el lado que creí que me dolía de la espalda, no era precisamente el que tratamos, ese era un reflejo. Algunos dolores no están precisamente en un punto, sino que son el resultado de otra dolencia. Me atendió por casi dos horas y muchos de mis malestares, que eran insoportables, disminuyeron.
Como siempre, mi mente reflexiva comenzó a sacar sus conclusiones, que tal si estos reflejos del cuerpo son exactamente lo mismo que hacemos en la vida. Vas de compras para aliviar una angustia. Bebes para olvidar un dolor. Ríes para no mostrar pena. Algunos son más evidentes que otros. Pero así como este, que tan evidente, parecía algo que podría haber señalado y marcado con una cruz, no provenía exactamente de ese punto. Lo importante es escuchar nuestro cuerpo, ponernos atención y procurarnos.
Los comportamientos mas impulsivos que tengas, seguramente vienen de algo más, vigilarlos, ponles atención. No se trata de volvernos investigadores privados, este es un acto de introspección. Pero muchas veces olvidamos escucharnos y con ello, nos acostumbramos a algún malestar. Así que de vez en cuando haz una pausa, respira y revisa ¿Para que?
