Cuando te cae el veinte.

Hace algún tiempo conocí a Ricardo, un amigo coach, que tiene un proyecto de entrevistas a personas “normales”, más adelante platicare un poco acerca de qué me refiero con esto. Cuando me ofrecí para ayudarle con todo esto de las entrevistas, sabía que sería una aventura con mucho aprendizaje, pues las personas a las que vamos entrevistando, son de círculos a los que no pertenezco y a través de él, puedo estar más cerca y conocer de muchas cosas más.
Precisamente hoy lo acompañe a entrevistar a un alpinista Jorge Hermosillo. Hace como un año, Jorge salió en la tele y en algunas revistas. Tenía como reto escalar el Everest sin oxígeno. En un punto de la expedición, justo antes del último trayecto, un par de personas bajaron en muy malas condiciones, cegados por el frío y tuvieron que tomar una decisión muy importante, continuar su expedición y llegar a la cima o ayudar a estas personas a descender.

Para esta expedición, tuvieron que prepararse casi con un año de anticipación, además de la fuerte inversión económica que esto implica, era su sueño. La decisión que tomaron fue la que salvó a estas personas, pues decidieron ayudar a descender y abandonar su meta original, así que se despidieron de su sueño.

En este proyecto de entrevistas, a lo que llamamos “normales”, son para nosotros héroes, no de capa, ni tampoco con superpoderes, persona comunes, que en situaciones como estas, sacan la casta.

Transcurrió la entrevista y entre las muchas frases y preguntas que se dijeron, hubo una con la que me quede en trance. Ricardo pregunto algo acerca de la tecnología y el turismo, Jorge respondió que ya incluso hay helicópteros que están tan cerca de la punta, que ya alguno ha logrado tocar la punta. Este gran alpinista agregó, que si le quitas el riesgo a la montaña, se vuelve algo recreativo y así pierde todo el chiste. No se trata de la meta, es todo el trayecto.

Me quedé meditando en esta pregunta, pues como administrador de proyectos y gestor de riesgos, sabes que nunca puedes eliminar un riesgo, solo minimizarlo, mitigarlo o catafixiarlo. Pero la vida parece ser lo mismo de la montaña, cuando no hay nada en riesgo, cuando lo mismo da decidir izquierda o derecha, se pierde todo el valor de hacerlo.

De regreso a casa tuve una muy interesante conversación con Ricardo y eso volvió un día normal en uno muy especial.

Supongo que una vez me dejó un recado aquí entre líneas y es, no huyas de los riesgos, porque son lo que hace que la vida, sea vida. Querer controlarlo todo y tenerlo bajo control, vuelve de esta aventura algo recreativo y lo que necesitamos es nunca dejar de experimentar y darnos permiso de cagarla.

Anoche no morí y que bueno porque hoy me cayó un gran veinte.