Esta nota es un recordatorio para mí. Resulta que en ocasiones, todo comienza a ponerse muy cómodo, muy cotidiano y debo recordarme seguir haciendo locuras.
Es fácil acostumbrarse a lo que se quiere y también a lo que no se quiere. Muchas veces el problema es que no podemos distinguir la diferencia.
Hacer locuras es mi manera de seguir experimentando, de mantener vigente y renovada mi curiosidad, de nunca aburrirme.
Así que, querido YO que lea esto en algún tiempo. Hacer locuras es parte de nuestro motor, es lo que nos ayuda a explorar el resto de la ecuación, así que no temas experimentar, que siempre aprendemos algo.
Quiérete y confía en tu instinto. No racionalices todo, hay decisiones que de deben sentir y no pensar. Deja más en este lugar de lo que tomas y se feliz.
Anoche no morí…
