Las fotos son para alguien más.

Hoy tocó dar un curso de fotografía, se me ocurrió llamarlo [Hagamos Fotos]. Fue un reto porque nunca había dado un entrenamiento formal para principiantes, a los que preferí referirme como apasionados. Tuve que pensar muchas cosas, el orden, el contenido, el objetivo y el método. Mi formación como instructor y coach, afortunadamente, me ha enseñado muchas herramientas, que siempre pongo en práctica en situaciones así.

Al comenzar al desarrollar el contenido del curso, uno de los slides decía ¿Por qué?, esperaba que las asistentes me dijeran porque querían hacer fotos, luego migramos la pregunta a ¿Para qué?, ahí se puso todo muy interesante. Cuando buscaba cómo ilustrar esta parte del curso, me encontré con muchos buenos ejemplos de gente acumuladora, incluyendo a la tradicional señora de los gatos. Creo que esta era digital de la fotografía, nos ha vuelto acumuladores de imágenes. Tomamos fotos de todos, para guardarlas y muy pocas veces publicarlas o hacer algo más con ellas. Así que les confesé que no me quiero volver el señor de las fotos, que se case con la señora de los gatos.

Las fotos que tomamos muchas veces nos satisfacen a nosotros, pero también he entendido que hay fotos que no son para nosotros, en especifico para mí. Hay fotos que tomamos, que pueden volver a alguien muy feliz. Así que desde hace unos meses, he estado poniéndome al corriente, entregando toda foto que debiera para liberarme de este peso.

Supongo que ponerme en esta situación de nuevo, me ayuda a recordar cosas importantes. Quizá salvamos recuerdos del olvido con cada click, pero sirven de muy poco si no llegan a su destinatario.

Cerremos esta reflexión preguntándote ¿Por qué sólo conservarlo todo en digital?
Las fotos adquieren otra belleza cuando están impresas, así que ya tienes tarea que hacer, si es que así lo decides.