Comenzamos a hacer el amor desde que nos sentamos en aquella mesa,
Aún no nos daban los menús cuando ya sabíamos que queríamos cenar,
Lo que pidiéramos ahí solo sería un tentempié para el resto de la noche,
Un par de tragos después comenzaron las declaraciones de amor,
Esas frases que parecen un shot emociones con el que cualquiera se embriagaría,
Verla ahí sentada era como cenar frente una obra de arte,
De haber estado en el renacimiento sería la musa de muchos y yo uno más,
Pero esta noche era distinto, yo era el elegido, que estúpidamente afortunado.
Que pedimos de comer o beber en el lugar ni lo recuerdo,
Tampoco sé si había otras personas,
Desde que llegamos no pude dejar de mirarla,
Solo sé que lo pedimos tardó lo suficiente como para que pudiéramos cortejarnos,
Quizá la comida nos quitó el hambre, pero nunca nuestro apetito.
Era absurdo despedirnos, así que yo no pregunté y ella no dijo nada,
Íbamos de rumbo al apartamento, cuando en un semáforo no me pude resistir,
Tuve que robarle un beso, eso lo detonó todo antes de tiempo,
Yo conducía, pero era su coche, ella no dejaba de besarme,
Metió su mano a mi pantalón tratando de desconcentrarme,
La voltee a ver tan seguro, que vi como se asustaba ella,
Ahora puedo confesar que moría por detenerme,
Por hacerlo ahí estacionados en la calle.
Al llegar al edificio, cada uno de los pisos se volvió un juego,
En el primero le quite la blusa,
No nos importaron los vecinos,
El segundo me desabrocho el pantalón,
Para el tercero los dos traíamos la mitad de la ropa y el doble de las ganas,
Llegando al cuarto piso a ella solo le quedaba su calzón y sus tacones.
Quisiera contarte todo lo demás que pasó,
Los besos y versos con los que la acaricie,
Incluso los suspiros o gemidos que nos arrancamos,
Pero esa noche, esa noche,
Nunca sucedió.
Anoche no morí y no he dejado de escribir.
