¿Qué significan las palabras para cada uno de nosotros?

Partamos de la premisa de que creamos el lenguaje para generar entendimiento. Aun así siempre existe una confusión entre el uso que le da cada uno de nosotros a las palabras. Juzgar el significado que le otorga cada persona a un palabra es un acto ausente de empatía, hacer un esfuerzo por saber lo que trata de expresar otra persona, eso es verdadero interés.

Cuando era niño me asombraba como Peter Pan confundía un beso con un dedal de costura cuando se lo pide a Wendy, creo que fui a robarle a mi madre de su costurero un dedal para tener en mi cajón un beso.
Cada quien otorga significado a las palabras dependiendo de cómo las aprendemos o de quien las aprendemos y quizá los diccionarios sean muy concretos, pero la realidad suele ser distinta.
No se trata de tener la razón y de reeducar al mundo, no exento con esto faltas de ortografía o errores gramaticales, sino lo que significa una palabra para ti y para mí.

La confusión crece con el tiempo, pues vamos inventando nuevas palabras frases y el argot de cada país, ciudad, región o incluso círculos en los que nos relacionamos lo complican.

¿Qué hacer con todo esto?

Tienes más de 70 años que se desarrolló un modelo de comunicación en los que nos explica que es necesario un emisor, un receptor, un medio y un mensaje, quizá lo que no dejaron muy claro hasta nuestros días, es que quien emite el mensaje es responsable de confirmar que quienes lo reciban lo entiendan y no exista confusión.

Creo que a menos que enseñemos a los niños a escuchar, incluso a comunicarse mejor, las futuras generaciones sufrirán y se volverá más y más complicado cada vez. En lugar de avanzar vamos en retroceso, ahora podemos resumir toda una frase en un emoti (iconos de Facebook o WhatsApp) y es como si volviéramos a los jeroglíficos, cuando fue la necesidad de decir más, lo que nos hizo evolucionar los símbolos en un lenguaje.

Generar mensajes que utilicen un combo de alternativas sensoriales, parece ser una alternativa para comunicarnos mejor, pero solo funciona de persona a persona, quizá se tenga que desarrollar alguna tecnología que pueda percibir nuestro estado de ánimo y traducirlo a algún color con el que se pueda saber algo más que solo lo que se escribe.

Para concluir.

Ahora es cuando entiendo más a poetas que admiro como José Emilio Pacheco, cuando dice:

Escribo: doy la mitad del poema.

Poesía no es signos negros en la página blanca.

Llamo poesía a ese lugar del encuentro

con la experiencia ajena. El lector, la lectora

harán o no el poema que tan sólo he esbozado.

No leemos a otros: nos leemos en ellos.

Me parece un milagro

que algún desconocido pueda verse en mi espejo.

Y es que por más claro que lo pongamos, incluso expresandonos precisos y con un diccionario en mano, cada persona cuando recibe un mensaje, lo interpreta para el.

Anoche no mori y parece que tengo tarea, pues de esto se puede investigar y escribir mucho más.